Jordi Castell revela el místico rito diario que comparte con sus perros y su gata ciega

Por Equipo M360 m360.cl | Sabado, 25 de Abril de 2026
Jordi Castell revela el místico rito diario que comparte con sus perros y su gata ciega

Para el fotógrafo y comunicador Jordi Castell, la palabra "mascota" se queda corta. En su hogar no hay animales de compañía, sino una manada organizada con jerarquías claras, rituales sagrados y una comunicación que prescinde de las palabras. En una íntima conversación con Revista Velvet, Castell detalló cómo es la convivencia con sus perros Rocío, Fredy, Dagoberto y Nina, junto a Topacio, su gata ciega, en un sistema que define como una pequeña sociedad.


Uno de los puntos más llamativos de su rutina es la hora de la comida, un momento donde las barreras entre especies desaparecen. "Luego de un día largo hay una tradición que es comer todos lo mismo... proteína de animal, pescado al vapor, jamón de algo... Pero el rito es siempre darle la prioridad a la Topacio, que es mi gata ciega, y todos respetan eso", reveló el fotógrafo. Según Jordi, compartir el mismo alimento una vez al día simboliza la unión de su comunidad.


Los roles de la manada


Castell describe a sus compañeros con características casi humanas. Mientras que Nina ejerce el rol de "alfa" por ser la primera en llegar, Dagoberto encarna la nobleza de los perros viejos y Fredy se mantiene como el eterno cachorro "manipulador". Por su parte, Rocío es definida como la más afectuosa. "Cada uno tiene rasgos calcados a mí. Somos todos parecidos. Nos hemos ido copiando ciertas características y hábitos", confesó el comunicador.


La armonía en la casa es tal, que incluso en los momentos de mayor intimidad, los animales demuestran una discreción asombrosa. Entre risas, Jordi desclasificó un "secreto" de alcoba: "Cada vez que estoy en una cita y sube de tono, ellos se retiran lentamente de la pieza. Es como si estuvieran amaestrados para ser discretos en el momento peak del asunto amoroso. Es un alivio gigante que ninguno mire".


Finalmente, el fotógrafo destacó que la clave de su convivencia es el refuerzo positivo y una conexión visual que hace innecesario el lenguaje hablado. "Si cada uno pudiera hablar no serían perros, porque lo más lindo es que no necesitan hablar para comunicarse. Solo con mirarme o con un gesto dan a entender perfecto lo que está pasando", concluyó.

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