Pedro Ruminot confesó su mayor temor en la crianza de sus cuatro hijos: “El fantasma del mal padre siempre aparece”

Por Equipo M360 m360.cl | Viernes, 29 de Mayo de 2026
Pedro Ruminot confesó su mayor temor en la crianza de sus cuatro hijos: “El fantasma del mal padre siempre aparece”

El comediante chileno Pedro Ruminot abordó en una íntima entrevista con Revista Velvet los complejos procesos familiares que ha liderado junto a su esposa, la también comediante Alison Mandel. El artista repasó la crianza de sus cuatro hijos, el quiebre de los patrones de su infancia, los duros tratamientos de fertilidad y el largo camino judicial y psicológico que enfrentaron para concretar la adopción de su hija menor.


El integrante de Socios de la parrilla detalló cómo ha edificado su rol paterno con Diego, Facundo, Baltazar y la pequeña Mila, de 15 meses, asumiendo que su principal motivación fue distanciarse radicalmente de la figura de su propio progenitor. Para lograr la estabilidad actual con su familia, el actor debió enfrentar duros procesos judiciales de custodia con sus hijos mayores, además de tratamientos médicos de alta complejidad.


"Siento que ser papá es una construcción permanente. Voy aprendiendo todo el tiempo, porque tampoco tuve buenos ejemplos. Mi primer instinto siempre fue "voy a hacer lo contrario de lo que hicieron conmigo.. Pero eso no basta. Después hay que sumar herramientas", reflexiona el comediante.


El triunfador del Festival de Viña recordó las marcadas diferencias de energía y madurez que ha experimentado en sus distintas etapas biológicas, complementando que su preparación para la crianza se extendió incluso al plano afectivo y económico con otros miembros de su parentela.


"Siempre quise ser papá. Fui papá de Diego (16) a los 28 años, después de Facundo (14) a los 30, luego de Baltazar (6) a los 39, y finalmente de Mila (15 meses) a los 45. Y cada etapa ha sido completamente distinta. Cuando llegó Baltazar me di cuenta de que no me acordaba de nada. A los 28 tenía otra energía. Ahora quizás no tengo la misma, pero la busco, la encuentro. También tengo más experiencia y más herramientas. Siempre quise formar una familia y, de alguna manera, siento que me preparé toda la vida para eso. Además, participé mucho en la crianza de una sobrina. Hasta el día de hoy viene a Chile y se queda en mi casa. Pagué parte de su universidad y estuve presente emocionalmente, que al final es lo más complicado", confiesa.


En ese sentido, Ruminot fue tajante al recordar las carencias que vivió en su niñez debido a la ausencia masculina en su hogar, lo que transformó su presente en un desafío por romper las conductas del pasado.


"Yo tampoco tuve un buen papá. Todo lo contrario. Muy mal papá. Entonces, para mí, era muy importante ser distinto a él... Para mí era muy importante romper esa cadena y estar presente en la vida de mis hijos. Y no fue fácil. Con los mayores tuve juicios de custodia y todo un proceso complicado", agrega.


Respecto a la búsqueda de sus hijos menores con Mandel, el libretista relató el duro diagnóstico médico que recibieron y el complejo tratamiento de fecundación in vitro (FIV) en la Región de Valparaíso, el cual estuvo marcado por pérdidas previas antes del nacimiento de Baltazar.


"Alison y yo, individualmente somos fértiles, pero juntos éramos infértiles, por así decirlo. Finalmente, llegamos a la Clínica de la Mujer de Reñaca gracias a un dato de Mey Santamaría y ahí el proceso cambió completamente. Empezamos a viajar una vez a la semana, lo transformamos casi en un ritual. Hubo pérdidas en el camino. Y el último blastocisto que nos quedaba fue Baltazar", detalla.


Posteriormente, la pareja inició un extenso trámite legal de más de cuatro años para adoptar. En medio de evaluaciones psicológicas semanales, la fundación los contactó para informarles sobre la llegada de Mila, quien ingresó a sus vidas cuando tenía tres meses.


"Siempre pensamos en adoptar... Nunca dejó de ser una decisión. Cuando Baltazar cumplió un año retomamos el proceso, pero hubo que empezar desde cero. Fueron más de cuatro años de entrevistas semanales, psicólogos, terapia... El proceso fue largo y los niños sabían perfectamente en lo que estábamos. Una semana antes de que nos llamaran, Facu nos preguntó: "¿Y ustedes siguen con eso de la adopción o ya se acabó?". Nosotros le dijimos que seguíamos. Y una semana después nos llamaron para decirnos: "Mañana van a conocer a su hija"", revela.


El comediante asumió que el proceso de adopción lo obligó a ingresar a terapia, espacio donde logró canalizar el duelo de una hija que perdieron antes de Baltazar, un dolor que congeló en su momento para mantener el orden doméstico y laboral.


"Mi psicóloga se dio cuenta de que yo nunca había llorado realmente las pérdidas. Alison sí. Nosotros perdimos una guagüita antes de Baltazar, una niña. Y Alison hizo todo el proceso emocional: lloró, sufrió, estuvo en cama, hizo un ritual de despedida. Y yo seguí adelante. Si Alison estaba destruida, yo tenía que llevar a los niños al colegio, ir a reuniones, seguir funcionando. Entonces me convencí de que yo no tenía espacio para sufrir. Pasaron años hasta que mi psicóloga me dijo: "Tú nunca despediste a esa hija"", relata de forma sincera.


La llegada de la menor consolidó el proyecto familiar de la pareja, hito que el actor compartió de inmediato con sus compañeros de pantalla Jorge Zabaleta y Pancho Saavedra mientras grababan en el extranjero. Pese al éxito y la solidez de su hogar, Ruminot admite que los temores sobre la crianza siguen vigentes debido a las complejidades de la etapa adolescente de sus hijos mayores.


"Sigue estando. Sobre todo ahora que los mayores están adolescentes. Porque el fantasma del mal padre siempre aparece. Uno tiene miedo de convertirse en eso que vivió. Y, al mismo tiempo, tampoco puedes criar desde ese miedo, porque igual tienes que poner límites, ordenar, retar a veces. Cuando llegó Mila, de las primeras personas a las que les conté fue a Jorge y Pancho. Estaban grabando en España. Les mandé una foto y les puse: "Hola, son tíos". Me llamaron inmediatamente, emocionados. Lloramos todos", sentenció.

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